Cada año, la selva de Cusco es la más afectada por las intensas lluvias que ocasionan constantes derrumbes que bloquean las vías e incomunican distritos. En la provincia cusqueña de La Convención, tierra del gas de Camisea, la lluvia dejó de ser una amenaza de temporada. El problema ahora es el abandono del Estado.
La temporada de lluvias rompe carreteras, encarece el transporte y pudre la economía rural. Cada derrumbe en las vías no es solo barro y piedras: es fruta que se pierde, camiones varados y familias que dejan de ganar lo justo para vivir.
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Productores agrícolas y transportistas coinciden en que el problema no es la lluvia, es el abandono. Cada derrumbe no es un accidente, es una consecuencia de carreteras olvidadas, presupuestos que no llegan y autoridades que aparecen solo cuando ya es tarde.
La tierra y la economía rural se derrumban
Los productores agrícolas madrugan, siembran, esperan meses. Pero cuando intentan vender, las lluvias reiteradas interrumpen el traslado de productos agrícolas hacia la capital provincial. La fruta no espera, se malogra. Desde el sector Otingania, TIMOTEA HUARILLOCLLA YLAQUIJO, productora de piña y yuca pone en números lo que para el Estado parece invisible.
Pero la pérdida no termina ahí. Cuando la vía colapsa, los productores deben hacer transbordos, pagar doble transporte y vender a precio de remate. Desde la cuenca Salkantay, GLADYS VIDAL FERNÁNDEZ, Productora agrícola del distrito de Santa Teresa, relata cómo la historia se repite.
En zonas como Kiteni, el mal estado de las carreteras no solo retrasa el traslado. También afecta los vehículos y multiplica las pérdidas. Un camión puede cargar mercadería valorizada en diez mil soles. Pero no todo llega a destino. MARCELINO SARAYA PACHECO – Productor de plátano, Alto Yanasire cuenta su fatal experiencia:
El problema no golpea solo al campo. En la ruta Cusco–Quillabamba, los transportistas también denuncian abandono total. En sectores como Tres Marías, los derrumbes dejan varados a decenas de vehículos. Y cuando el Estado no llega, son los transportistas quienes limpian la vía, con palas, con manos y con miedo… incluso arriesgando su vida.
Desde el corazón del Vraem, el distrito de Pichari exige el cumplimiento de los compromisos asumidos por el Gobierno Regional del Cusco. El alcalde Hernán Palacios denunció que el Puente Paveni sigue esperando ejecución pese a tener el expediente listo y ayuda urgente para las familias afectadas por lluvias en el sector Catarata.
Cada derrumbe no es solo un evento climático. Es una cadena de pérdidas que empieza en el campo y termina en la mesa vacía de una familia. Productores, transportistas y pasajeros hacen su parte. Pero sin mantenimiento vial, sin maquinaria y sin prevención, la lluvia seguirá llevándose oportunidades. Que va a llover, eso ya lo sabemos. Pero, ¿quién responde por las pérdidas? ¿quién fiscaliza a las autoridades que no previenen? ¿y cuántas cosechas más deben pudrirse para que la carretera deje de ser una trampa? En La Convención, la lluvia cae todos los años pero el abandono también.


