Un precedente que nació en la comunidad de Quisto Valle hace más de dos procesos electorales hoy empieza a extenderse a otras zonas del VRAEM. Esta localidad fue la primera en prohibir todo tipo de pintas políticas en sus paredes y viviendas, marcando una posición firme: los espacios comunales no deben usarse como propaganda electoral.
Para las Elecciones Generales 2026, la medida fue adoptada también por el Centro Poblado Teresa, en el distrito Unión Asháninka; el centro poblado de Catarata, en Pichari; y la comunidad de Helares, en Kimbiri. En todos los casos, la decisión responde a un malestar acumulado durante años de campañas intensas y poco ordenadas.
En estas localidades, las pintas políticas se habían vuelto parte del paisaje cada vez que se acercaban elecciones. Candidatos con mayores recursos económicos cubrían muros, fachadas y hasta viviendas particulares con sus nombres y símbolos. Algunas veces contaban con autorización; otras, no. El resultado era el mismo: calles saturadas de colores y mensajes que dividían a los vecinos.
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La práctica generó problemas que iban más allá de lo visual. En varios sectores de Pichari, por ejemplo, las disputas por espacios para pintar terminaron en discusiones entre simpatizantes de distintos partidos. Además, muchos vecinos quedaban señalados como seguidores de alguna agrupación solo porque su pared fue utilizada durante la campaña.
Otro punto que causó molestia es que, una vez terminadas las elecciones, pocos candidatos regresaban a borrar la propaganda. Las viviendas quedaban marcadas por años o los propietarios tenían que asumir el costo de repintar.
Las comunidades que ahora prohíben las pintas buscan evitar ese escenario. A través de acuerdos internos, establecieron que ningún partido podrá utilizar paredes, muros o espacios públicos para propaganda. El objetivo es promover campañas más ordenadas y centradas en propuestas, no en la cantidad de pintura utilizada. La medida también envía un mensaje político: el voto no depende del tamaño del nombre pintado en una pared.
En elecciones pasadas, varios candidatos que invirtieron grandes sumas en propaganda mural no lograron ganar en las urnas. Para estas comunidades, la experiencia demuestra que la decisión final del elector no se define por la saturación visual, sino por la capacidad de convencer. En un contexto donde el VRAEM enfrenta retos sociales y económicos importantes, estas decisiones reflejan un esfuerzo por fortalecer la convivencia y priorizar el respeto entre vecinos durante la contienda electoral.
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