El 18 de abril, Rudhy Benavides Charalla, 46 años, salió de su departamento en la avenida Confraternidad, Wanchaq. Cruzó la ciudad, como siempre, para ir a trabajar en un restaurante cerca de la Plaza Mayor del Cusco. En ese trayecto de unas cuadras desapareció.
Pasaron seis días y no volvía, no había rastros de él. El 24 de abril, su madre, Aydee Primitiva Charalla Farfán, denunció que había desaparecido. Fue la primera en nombrar su ausencia.
La policía encontró pistas que llevaron a una dirección en la asociación Los Manantiales del Inca, en la avenida del Ejército. Allí vivía Gabriel Alexis Luís Condori Olmedo, 21 años.
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Al día siguiente, la Policía tocó la puerta. Gabriel Alexis Luís Condori abrió y, como si hubiera estado esperándolos, confesó que Rudhy Benavides estaba muerto, en el segundo piso.
Allá arriba el cuerpo ya no era un cuerpo. Eran partes. Una cabeza en una olla sobre una cocina industrial. Vísceras en dos baldes. El resto de las partes quizás en el estómago de unos perros. El fuego, o lo que quedaba de él, todavía estaba tibio en la cocina.
La escena quedó bajo custodia de los policías de investigación criminal. A la casa llegaron peritos, médico legista, fiscal, periodistas, familiares y vecinos. En el cuarto encontraron cuchillos de cocina, un tenedor, un martillo. Manchas de sangre. Al otro lado, un frasco con hojas secas verdosas. “Marihuana”, dijo él, “para consumo personal”.
Siguió hablando y dijo que la noche del 18 de abril no estuvo solo en ese cuarto, que todo lo hizo junto a su amigo Oscar Franco Tinco, también de 21 años. Ese mismo día, por la noche, la policía encontró a Oscar Franco Tinco en la puerta 1 del mercado Vinocanchón, en San Jerónimo. Llevaba hojas secas, verdes, en los bolsillos.
Se conocían desde 2018, desde el colegio en Quillabamba. Frecuentaban bares, noches largas, llenas de alcohol. Ambos habían matado a Rudhy Benavides. ¿Por qué? No se sabe aún.
La noche del 18 de abril, en aquel segundo piso, el cuerpo de Rudhy Benavides Charalla se convirtió en pedazos de carne a manos de dos jóvenes con antecedentes poco santos. Cuando Gabriel Alexis Luís Condori Olmedo era menor fue detenido por hurto y robo; ya adulto fue acusado de acoso sexual contra una joven de 22 años. Mientras Oscar Franco Tinco fue denunciado en 2018 por violación sexual contra dos menores de 13 y 15 años. Esos antecedentes eran marcas de una violencia que fue acumulándose en silencio hasta encontrar su forma más brutal.
Los exámenes a los asesinos empezaron, con pruebas toxicológicas y evaluaciones psicológicas que intentarán explicar algo del horror. Se hará también la necropsia a los pedazos del cuerpo. Con el tiempo, quizá se hará justicia y ambos serán encerrados en una cárcel.
Pero Aydee Primitiva Charalla Farfán permanecerá encerrada en el dolor. Las palabras de pésame intentarán calmarla sin éxito. Y empezará un largo tiempo de duelo. En ese tiempo, la madre seguirá esperando algo, un no sé qué, quizá una respuesta a la pregunta de siempre: ¿por qué a mi hijo?
Todo lo que ocurra después no importará, o no tanto. Aunque debería importar, y mucho. Porque en el momento exacto en que Rudhy Benavides Charalla empezó a ser despedazado, la sociedad misma comenzó a deshacerse.

