Escribe: Astrid Arellano – Mongabay Latam
En distintos territorios de América Latina, prepararse para un clima cada vez más extremo puede significar cosas tan concretas como proteger una semilla, recuperar una planta medicinal o conseguir que el agua vuelva a llegar hasta una comunidad. Frente a sequías prolongadas, temperaturas más altas, lluvias cada vez menos predecibles y fenómenos climáticos como El Niño, las mujeres indígenas están impulsando respuestas que combinan conocimientos transmitidos durante generaciones con nuevas herramientas para cuidar sus territorios y sostener la vida de sus pueblos.
Este 5 de septiembre, Día Internacional de las Mujeres Indígenas, sus experiencias también permiten mirar el cambio climático desde quienes enfrentan sus consecuencias. En sus comunidades, las mujeres participan en la producción de alimentos, el cuidado del agua y la conservación de los ecosistemas, pero también ocupan cada vez más espacios de organización y toma de decisiones desde los que proponen cómo prepararse frente a un futuro climático incierto.
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Loreto: agua, organización y liderazgo frente a la sequía
Cuando el nivel de los ríos baja en la cuenca del Ampiyacu, en la Amazonía peruana, las distancias se hacen más largas. Las lanchas ya no pueden llegar hasta algunas comunidades y dejan a sus pasajeros en las playas, mientras que transportar alimentos y mercancías se vuelve más difícil y costoso.
Río arriba, donde algunas comunidades todavía no cuentan con sistemas de abastecimiento de agua, la sequía también puede traer problemas de salud. Mayra Collantes conoce bien estas dificultades. Hace unos tres años, recuerda, una fuerte sequía se prolongó durante casi seis meses.
“Este ha sido uno de los cambios climáticos más fuertes que hemos tenido”, cuenta. Durante aquel periodo, dice, aumentaron los precios, murieron peces en las cabeceras de los ríos y el agua de las quebradas se deterioró. Incluso encontraron animales silvestres muertos por falta de agua. “Sí nos vimos afectados totalmente, tanto nosotros como los animales”, recuerda.

Collantes tiene el cargo de Mujer Líder de la Federación de Comunidades Nativas de la Cuenca del Río Ampiyacu (FECONA) y representa a las mujeres de 14 comunidades. Desde joven comenzó a participar en reuniones y capacitaciones comunitarias, hasta asumir responsabilidades dentro de su comunidad y, posteriormente, en la Federación. Hoy forma parte de una junta directiva integrada por seis mujeres y seis hombres, donde, explica, las decisiones se toman de manera conjunta.
Esa participación ha sido clave para definir algunas de las respuestas frente a los cambios del clima. Una de ellas fue mejorar los sistemas de abastecimiento de agua utilizando energía solar.
En la comunidad de Collantes ya existía un sistema instalado por el Estado, pero funcionaba con gasolina. El costo del combustible fluctuaba y las familias pagaban entre 15 y 20 soles mensuales sin garantizar que el sistema pudiera operar todo el mes. Con la incorporación de paneles fotovoltaicos, el gasto de mantenimiento bajó a unos cinco soles mensuales y el bombeo se volvió más constante. “Desde que se hizo con el sistema fotovoltaico, ha mejorado el sistema de agua para las familias”, explica.

Conservación Internacional Perú, organización que ha acompañado y financiado parte de estas iniciativas, señala que actualmente unas 250 familias de cinco comunidades cuentan con sistemas mejorados. En algunos casos se rehabilitó infraestructura que había quedado fuera de funcionamiento y se sustituyó el bombeo con combustible por energía solar.
En otros casos se implementaron sistemas utilizando infraestructura comunitaria. El agua es entubada, no potable, y las federaciones han buscado coordinación con gobiernos locales para su tratamiento.
Para las mujeres, el efecto va más allá de disponer de agua. En muchas familias son ellas quienes recorren las distancias necesarias para conseguirla y quienes asumen buena parte del cuidado cuando niñas y niños enferman por problemas asociados a su calidad o escasez. Por eso, explica Conservación Internacional, su participación en los espacios donde se deciden las prioridades climáticas permite incorporar necesidades que de otra manera pueden quedar fuera.

“Desde Conservación Internacional, hemos venido impulsando las Guarderías de Conservación”, explica Bibi Gutiérrez, coordinadora intercultural de esta organización. “Muchas veces, las mujeres no asisten a reuniones, talleres, convocatorias ni asambleas de la comunidad, por lo que no expresan sus necesidades, porque tienen que quedarse en la casa con toda la carga familiar”.
Al contar con guarderías durante las actividades comunitarias y organizativas, las mujeres pueden participar sin tener que asumir al mismo tiempo el cuidado de sus hijas e hijos. Conservación Internacional contrata a personas para atenderlos y acompañarlos mientras ellas intervienen en estos espacios, expresan sus preocupaciones y participan en las decisiones. “Al final, las mujeres son las que acarrean el agua y las que hacen los cultivos. Ellas son las que más viven las amenazas del cambio climático”, sostiene Gutiérrez.

Para Collantes, la adaptación también pasa por fortalecer la autonomía y organización de las mujeres. Como becaria del Programa Mujer Indígena de Conservación Internacional, impulsó la formalización de seis asociaciones de productoras y artesanas para que pudieran inscribirse en registros públicos y acceder a fondos concursables; algunas ya han comenzado a hacerlo. Esta también es una forma de resiliencia frente al cambio climático, sostiene.
“Porque si dependen de un solo producto o cultivo, por las condiciones climáticas que son tan impredecibles, se enfrentan a diversos riesgos y sus ingresos pueden disminuir”, coincide Yadira Díaz, gerente del programa Loreto de Conservación Internacional Perú. Diversificar sus actividades, explica, permite a las familias contar con distintas fuentes de ingresos frente a esas variaciones y, al mismo tiempo, reducir las presiones sobre el bosque. “Es decir, podrían recurrir a actividades ilícitas como tala ilegal o minería para poder tener un ingreso, pero no lo hacen porque ven el valor que hay en el bosque en pie”, sostiene Díaz.

Mayra Collantes sabe, sin embargo, que prepararse no significa tener todas las respuestas. “Adaptarnos al cambio climático es muy complejo todavía para nosotros”, reconoce. Por eso insiste en continuar gestionando recursos, fortaleciendo capacidades y compartiendo lo aprendido entre mujeres antes de que llegue el siguiente fenómeno extremo.
“Hay que seguir trabajando, preparándonos y seguir gestionando, tocando puertas en las instituciones”, concluye Collantes. “Las mujeres líderes que conocen mucho más de este tema deben compartir con más mujeres el mensaje sobre la adaptación al cambio climático para estar preparadas todas y poder enfrentarlo”.
* Fragmento de un reportaje sobre experiencia de Perú, Colombia y México publicado en Mongabay Latam. Pueden leer el reportaje completo en este enlace.


