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Arequipa: incendios forestales amenazan con una temporada intensa sin ninguna prevención

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Cada año, entre agosto y noviembre, los incendios forestales se convierten en una de las principales emergencias ambientales del país. De acuerdo con el Ministerio del Ambiente (Minam), estos eventos se presentan con mayor frecuencia en la región andina, donde las condiciones climáticas y las actividades humanas favorecen la propagación del fuego.

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Los incendios forestales no solo destruyen extensas áreas naturales, también amenazan la biodiversidad y las poblaciones cercanas. Según especialistas del Minam, estos eventos degradan los ecosistemas, alteran el ciclo del agua y reducen la fertilidad del suelo. Asimismo, provocan la pérdida de especies, daños a la salud, pérdidas económicas e incluso vidas humanas.

Las condiciones climáticas pueden facilitar la expansión de las llamas. Altas temperaturas, sequías prolongadas, fuertes vientos y la falta de humedad en la vegetación crean escenarios propicios para la propagación del fuego. Sin embargo, el Ministerio del Ambiente (Minam) advierte que la mayoría de incendios forestales tiene origen humano. Entre las principales causas figuran las quemas agrícolas, la quema de pastizales y basura. De la misma forma, las fogatas y otras actividades realizadas sin las medidas de seguridad necesarias.

Cuando estas prácticas salen de control, el fuego puede extenderse rápidamente y convertirse en una emergencia de gran magnitud. Por ello, el Ministerio del Ambiente sostiene que la prevención continúa siendo la principal herramienta para reducir la ocurrencia de incendios forestales, promoviendo buenas prácticas agrícolas, evitando las quemas y fortaleciendo las acciones de vigilancia y control en zonas de riesgo.

Arequipa frente a una amenaza recurrente

Aunque los incendios forestales en Arequipa han disminuido respecto a los años más críticos de la década, la superficie afectada sigue preocupando a las autoridades. Según José Antonio Carrera Paulette, gerente regional de Gestión del Riesgo de Desastres y jefe del COER, hasta el 27 de octubre de 2026 se registraron 71 incendios forestales, que afectaron 6.369,28 hectáreas.

Las cifras históricas muestran un comportamiento irregular. En 2020 se registraron 327 emergencias con 8.555,07 hectáreas dañadas; en 2021 fueron 316 incendios y 10.380,15 hectáreas afectadas; mientras que en 2022 se alcanzó uno de los picos más altos con 413 emergencias y 11.413,94 hectáreas consumidas por el fuego. Posteriormente, los registros descendieron a 107 incendios en 2024 y 99 en 2025.

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Sin embargo, detrás de la reducción en el número de emergencias existe un dato que preocupa a los especialistas. Aunque en 2026 se contabilizan menos incendios que en 2024 y 2025, la superficie afectada ya supera a la registrada en ambos años. Mientras en 2024 se reportaron 3.834,61 hectáreas dañadas y en 2025 unas 4.900,39; este año ya se han perdido más de 6.300 hectáreas, pese a que la temporada de incendios aún no concluye.

Para José Antonio Carrera Paulette, las elevadas cifras registradas entre 2021 y 2022 estuvieron vinculadas a la limitada capacidad de respuesta existente en ese momento. Según explicó, entidades como el Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP), el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (SERFOR) y otras instituciones de primera respuesta no contaban con los niveles de preparación y articulación que existen actualmente.

El comportamiento mensual de 2026 evidencia además una concentración de incendios durante la temporada seca. De acuerdo con datos del COER, se registraron tres eventos en enero, uno en marzo, cuatro en junio, cinco en julio, 19 en agosto, 15 en septiembre y 24 durante octubre, convirtiendo a este último mes en el periodo con mayor incidencia.

Caylloma lidera en número de incendios, pero Arequipa concentra más hectáreas afectadas

A nivel provincial, Caylloma presenta la mayor cantidad de incendios forestales registrados durante 2026, con 18 emergencias. Le siguen Arequipa con 14, Condesuyos con 13, La Unión con 13, Castilla con 11 y Caravelí con dos casos reportados.

No obstante, cuando se analiza la superficie afectada, la provincia de Arequipa encabeza la lista. De las 6.369,28 hectáreas dañadas este año, 2.249,01 corresponden a territorio arequipeño, lo que refleja la magnitud que pueden alcanzar estos eventos incluso cuando el número de incendios es menor.

Según el especialista, las altas temperaturas registradas en la región y la presencia de vientos fuertes favorecen la rápida propagación de las llamas una vez iniciado el fuego. Estas condiciones climáticas permiten que incendios aparentemente pequeños se conviertan en emergencias de gran extensión en cuestión de horas.

Sin embargo, el origen de los incendios continúa estando relacionado principalmente con la acción humana. Carrera Paulette sostuvo que el 100 % de los incendios forestales reportados en Arequipa hasta el 27 de octubre de 2026 fueron provocados por personas. Entre las principales causas identificadas figuran las quemas agrícolas, la quema de basura, la incineración de llantas y conflictos entre vecinos que terminan desencadenando incendios fuera de control.

Ante este panorama, el funcionario hizo un llamado a la población a extremar medidas de prevención y evitar el uso del fuego en actividades que puedan convertirse en una emergencia ambiental. Asimismo, indicó que el COER, junto con entidades como SERNANP y otras instituciones competentes, ha desarrollado campañas de capacitación y sensibilización, además de coordinaciones con la Policía Nacional para informar sobre las sanciones aplicables a quienes provoquen este tipo de siniestros.

Daños que perduran mucho después del fuego

Las consecuencias de un incendio forestal no terminan cuando las llamas son extinguidas. Según explicó el biólogo e ingeniero ambiental Gregory Anthony Pauca Tanco, docente de la Universidad Católica San Pablo (UCSP), los impactos se extienden durante años sobre los ecosistemas afectados y comprometen procesos naturales esenciales para el equilibrio ambiental.

Uno de los principales efectos se produce sobre los recursos hídricos. El especialista señaló que las raíces de las plantas cumplen una función clave en la absorción e infiltración del agua de lluvia. Cuando la vegetación desaparece a causa del fuego, el suelo pierde parte de su capacidad para retener el agua y contribuir a la recarga de acuíferos. Por consiguiente afecta la disponibilidad hídrica de las zonas impactadas.

A ello se suma el deterioro progresivo de los suelos. Las altas temperaturas generadas por los incendios alteran sus propiedades físicas y químicas, reduciendo su fertilidad y dificultando la recuperación de la cobertura vegetal. Esta degradación puede limitar el desarrollo de actividades agrícolas y afectar áreas que dependen directamente de estos recursos.

Los incendios forestales también provocan un severo impacto sobre la biodiversidad. Además de consumir la vegetación existente, destruyen hábitats naturales y ponen en riesgo a numerosas especies de fauna silvestre. En muchos casos, la recuperación de estos ecosistemas puede tomar décadas, especialmente en zonas donde los incendios se repiten de forma recurrente.

Incendios en zonas altas es un reto para los bomberos

A diferencia de los incendios urbanos, los incendios forestales demandan una respuesta distinta y una coordinación permanente entre diversas instituciones. Según explicó el jefe de la Compañía de Bomberos N.° 19, brigadier Juan Córdoba, la magnitud de estos eventos y las características del terreno obligan a desarrollar estrategias conjuntas para contener el avance de las llamas.

El especialista recomendó a la población mantenerse alejada de las zonas afectadas cuando se registra un incendio forestal. Explicó que factores como el viento pueden modificar repentinamente la dirección del fuego y acelerar su propagación, incrementando el riesgo para quienes intenten acercarse sin contar con la preparación adecuada.

Córdoba señaló que la respuesta a estas emergencias involucra al Gobierno Regional, municipalidades distritales y provinciales, compañías de bomberos, SERFOR y otras entidades de primera respuesta. A través de esta articulación se moviliza personal especializado para realizar labores de control y extinción en los sectores afectados.

Asimismo, precisó que muchas veces los incendios se desarrollan en zonas altas o de difícil acceso, donde resulta imposible movilizar camiones cisterna. Incluso en los casos en que estos vehículos pueden llegar, su capacidad es limitada, pues los más grandes transportan alrededor de 1.000 galones de agua, volumen insuficiente frente a incendios que pueden extenderse por decenas o cientos de hectáreas. Por ello, el combate de estos eventos depende principalmente del trabajo coordinado de brigadistas, personal forestal y equipos de respuesta desplegados directamente sobre el terreno.

La prevención empieza antes de que aparezcan las llamas

Para la Dra. Ana María Sabogal, directora del Instituto de la Naturaleza, Tierra y Energía (INTE) de la PUCP, la prevención de incendios forestales debe comenzar mucho antes de que se registre una emergencia. En ese sentido, consideró fundamental capacitar a las poblaciones ubicadas en zonas de riesgo.

Otro aspecto que considera prioritario es incorporar información sobre el comportamiento del viento dentro de los sistemas de prevención. Según explicó, muchas comunidades conocen la dirección habitual de los vientos y utilizan ese conocimiento para combatir los incendios. Sin embargo, cuando estos patrones cambian, tanto las personas como las estrategias de control pueden resultar insuficientes, permitiendo que el fuego continúe expandiéndose.

La investigadora señaló que la prevención también pasa por reducir la dependencia de las quemas en las actividades agrícolas. Para ello, recomendó aplicar prácticas de agricultura sostenible, como el aprovechamiento de residuos de cosecha, la elaboración de compost y el uso de cobertura orgánica para conservar la humedad y fertilidad de los suelos.

Además, destacó la importancia de implementar sistemas agroforestales y establecer cortafuegos, definidos como franjas sin vegetación que actúan como barreras para impedir el avance de las llamas. A su juicio, combinar estas medidas con una adecuada planificación territorial permitirá reducir significativamente el riesgo de incendios forestales en regiones vulnerables como Arequipa.

Lea la nota original aquí o visita el medio El Búho

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