Azángaro no duerme. Tampoco olvida. Desde hace días, esta provincia altiplánica carga con una verdad insoportable: una niña de 13 años fue asesinada y desmembrada por su propio tío, un hombre que compartía mesa, apellido y confianza con su víctima.
El responsable, Yoni Edgar Ccuno Larico, confesó ante las autoridades haber acabado con la vida de su sobrina, Génesis Zahori, y haber fragmentado su cuerpo para desaparecerlo en el desagüe. No se trata de un crimen impulsivo ni de un arrebato momentáneo. Es una secuencia de decisiones frías, calculadas y sostenidas en el tiempo.
La desaparición que terminó en confesión
La pesadilla comenzó el 29 de diciembre de 2025, cuando Génesis fue reportada como desaparecida. Durante días, la familia, la policía y la comunidad la buscaron con la esperanza intacta. Mientras tanto, el asesino convivía con el silencio, ensayaba música, salía a tocar, mentía con naturalidad y fingía preocupación.
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Según su propia declaración, el crimen se produjo tras una discusión. Golpeó a la menor con una piedra a la altura de la ceja, causándole la muerte casi inmediata. Pero el acto violento no fue el final: fue apenas el inicio del horror.
Después de la muerte, la barbarie
Horas más tarde, cuando ya no había vida que salvar, Ccuno Larico trasladó el cuerpo a una habitación alquilada. Compró una sierra, baldes y otros utensilios. Allí, lejos de cualquier urgencia o pánico, desmembró el cuerpo de la niña.
Mientras la familia preguntaba, él respondía con evasivas. Mientras la policía investigaba, él salía a trabajar como músico. Mientras Azángaro rezaba, él arrojaba los restos al desagüe, convencido de que el agua borraría lo que su conciencia nunca podrá.
Las autoridades han encontrado indicios en el sistema de alcantarillado. Cada fragmento recuperado es una herida abierta para una comunidad que ya no confía en sus propias certezas.
Un pueblo indignado
El caso ha provocado una ola de indignación en Azángaro y en toda la región Puno. No hay matices en el reclamo ciudadano: cadena perpetua. No por venganza, sino por justicia. Porque la violencia contra una menor, cometida además por un familiar directo, no admite atenuantes morales ni legales.
El Ministerio Público, con apoyo de la Policía Nacional, continúa las diligencias para recuperar la totalidad de los restos y consolidar la evidencia. La escena del crimen sigue siendo intervenida. La herida social, también.
Proceso judicial en marcha
Ante la confesión y los elementos de convicción, el fiscal adjunto provincial Edgar Coila Pilco logró que el Poder Judicial ordene 72 horas de detención preliminar contra Yoni Ccuno Larico, mientras se preparan las diligencias para solicitar prisión preventiva.
El Ministerio Público ha imputado al acusado el delito de feminicidio agravado, una figura penal que contempla cadena perpetua, considerando la edad de la víctima y el vínculo familiar con el agresor.
Más que un crimen, una advertencia
Este no es solo el asesinato de una niña. Es la confirmación de que la violencia contra los menores sigue ocurriendo en los espacios donde debería existir mayor protección: la familia, el hogar, la confianza.
Azángaro llora a Génesis.
Y el Estado está obligado a responder con algo más que trámites: con justicia firme, ejemplar y sin fisuras.
Porque cuando un país permite que un crimen así quede impune, no fracasa la ley: fracasa la sociedad entera.
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