- La prevención exige alternativas viables a las quemas agrícolas, brigadas preparadas y alertas tempranas.
La temporada seca ya está aquí, y con ella vuelve una amenaza conocida para Cusco. La escasez de lluvias, la baja humedad de la vegetación y los fuertes vientos facilitan que un fuego iniciado en una parcela se propague hacia pastizales, bosques y comunidades cercanas. Frente a este escenario, la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES) advirtió que el principal desafío para prevenir los incendios forestales es ofrecer alternativas a las quemas agrícolas, realizadas durante esta época en preparación para la nueva campaña.
Se trata de un fenómeno ampliamente documentado, que pone en peligro tanto las tierras de cultivo como los ecosistemas que las rodean. De acuerdo con el Centro Nacional de Estimación, Prevención y Reducción del Riesgo de Desastres (Cenepred), más de 29 mil 400 hectáreas agrícolas en Cusco están expuestas a incendios forestales.
Estas cifras expresan exposición al peligro: no significan que toda esa superficie vaya a quemarse, pero sí muestran la magnitud de los medios de vida que requieren protección. Detrás de esas hectáreas hay chacras, y detrás de las chacras, 315 mil 981 cusqueños se dedican a la actividad agrícola.
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“Cuando el fuego ya avanzó, las opciones para controlarlo son mucho más limitadas. Por eso, la diferencia está en prevenir, fortalecer las capacidades locales y actuar antes de que el incendio se vuelva incontrolable. Eso significa presupuesto para prevención, brigadas capacitadas y sistemas de alerta que funcionen antes de julio, no solo durante o exclusivamente de manera reactiva”, sostuvo Erick Chuquitapa, economista de REDES.
¿Por qué persisten las quemas agrícolas?
En muchas comunidades rurales de nuestra región, el fuego forma parte de la preparación de los terrenos antes de una nueva campaña agrícola. Investigaciones realizadas en las comunidades de Apachaco y Vilcabamba muestran que se trata de una práctica de bajo costo, vinculada a la organización del trabajo y a conocimientos transmitidos por generaciones. Sin embargo, una práctica que en apariencia resulta cotidiana puede convertirse en el punto de partida de incendios de gran magnitud.
De hecho, según el Servicio Nacional Forestal y de Fauna Silvestre (Serfor), la quema de residuos agrícolas representa el 35,8% de las causas identificadas de incendios forestales, mientras que la quema de pastizales explica otro 6,2%.
“El principal desafío consiste en reducir la dependencia del uso del fuego mediante la implementación de alternativas de manejo agrícola que se adapten a las condiciones del campo y fortalezcan la prevención antes del inicio de la temporada seca. Para ello, es necesario ampliar el acceso de los agricultores a tecnologías, asistencia técnica y mecanismos de financiamiento que permitan reemplazar las quemas sin comprometer la productividad”, señaló Chuquitapa.
La prevención empieza en el territorio
En 2025, las 15 compañías de bomberos del Cusco fueron implementadas con equipos de protección y herramientas y, además, se adquirieron vehículos de intervención forestal. Pese a estos avances, la especialización para incendios forestales, el equipamiento y la cobertura en zonas alejadas continúan siendo brechas que requieren atención sostenida. De hecho, un diagnóstico del proyecto Amazonía+ identifica la falta de personal con preparación específica para combatir incendios forestales como una de las principales brechas que el Cuerpo General de Bomberos Voluntarios del Perú (CGBVP) debe superar con urgencia.
Sin embargo, apagar los incendios no es tarea exclusiva de los bomberos. Los gobiernos locales son el primer nivel de atención en sus jurisdicciones y deben trabajar con el Gobierno Regional, el Centro de Operaciones de Emergencia Regional (COER), Serfor, las brigadas comunales y las compañías de bomberos. Esta articulación es necesaria para identificar zonas críticas, capacitar a la población, mantener operativos los sistemas de alerta y movilizar recursos con rapidez cuando se reporta un foco de fuego.
“La temporada seca volverá cada año; eso ya lo sabemos. Lo que debe cambiar es nuestra preparación: destinar recursos a la prevención, acercar alternativas productivas a los agricultores y fortalecer a las brigadas y entidades de primera respuesta. Prevenir siempre cuesta menos que enfrentar un incendio fuera de control”, concluyó Chuquitapa.


