Por José Víctor Salcedo Ccama
La puerta es pequeña, de madera. Está en el segundo piso de la biblioteca de la Universidad Nacional de San Antonio Abad del Cusco (Unsaac). Los universitarios suben y bajan por las escaleras. Casi todos pasan junto a ella sin mirarla. Van en busca de libros para sus tareas. Llegan a la biblioteca con enormes estantes repletos. Con olor a tinta y papel envejecido. Encuentran el libro que buscaban, se sientan, pasan las páginas, toman apuntes o piden permiso para ir a fotocopiar.
No se han percatado de que pasaron por la puerta del Archivo Regional de Cusco. Tampoco saben que hace unas semanas el sismo de magnitud siete, ocurrido el 20 de agosto con epicentro en Ayacucho, debilitó algunos anaqueles. Una semana después, cedió casi la cuarta parte de estantes de treinta años de antigüedad del Archivo Notarial. “Los anaqueles ya no son útiles”, según Edwin Berduzco Torres, director del Archivo Regional.
Ningún documento sufrió daños, pero el archivo tuvo que cerrarse desde el 25 de agosto. Hace poco se habilitó solo la mesa de partes y el servicio del Archivo Notarial. Dice Berduzco que “una ley dispone que los notarios deben tener acceso a información”.
El recinto sigue cerrado, aunque sus anaqueles no se dañaron. “Felizmente no han colapsado los anaqueles del Archivo Histórico. No ha sucedido ningún deterioro”, precisa Berduzco. Historiadores, investigadores y tesistas deben esperar que reabra. En esta área se conservan documentos del siglo XVI. Si todo marcha según lo previsto, volverá a abrir en veinte o treinta días.
Para que la puerta vuelva a abrirse todavía faltan trámites administrativos y técnicos. Se repondrá anaqueles y reforzará sus soportes, se instalará anclajes en el techo y se asegurará sus estructuras y el piso. El trabajo es supervisado por el Archivo General de la Nación y el Ministerio de Cultura. De acuerdo con Berduzco, estos elevarán informes técnicos para que, de alguna manera, el sitio esté protegido ante posibles siniestros.

***
Detrás de la puerta de madera se hallan los documentos. En un libro grueso y de hojas amarillentas de 1777 se encuentra la firma de Túpac Amaru II. En el folio ochenta del libro se puede ver y leer la inscripción “J.G. Thupa Amaru Condorcanqui Inga”. La letra es corrida y la caligrafía, impecable. Al costado, a manera de adorno, dibujó un ave. Cuando firmó el documento, aún faltaban tres años para el inicio de la rebelión. Era un poder a José Antonio García para comunicar a España que no todas las personas con su apellido eran familiares suyos. Estaba preocupado porque algunas personas intentaran evadir impuestos usando un parentesco que no había. En el Archivo hay solo dos documentos con la firma del cacique.
Documentos como este se cuidan detrás de la puerta. Cientos de documentos pequeños y grandes, antiguos y frágiles, con miles de historias reales, aunque algunas parezcan inventadas. Cientos de metros lineales de papeles con buena parte de la historia de la Colonia y la República. Cientos de documentos que permiten reconstruir el pasado. Por eso, dice Charles Walker, es uno de los archivos más importantes del país.
***
La puerta cerrada o abierta de un archivo habla de cuán importante es ese lugar para una ciudad. El historiador Charles Walker, autor de La rebelión de Túpac Amaru, recuerda que al Archivo va mucha gente. “Van cusqueños, estudiantes, investigadores nacionales y extranjeros, gente que planea su viaje con tiempo”, dice. Su restricción “es como si Sacsaywaman estuviera cerrado sin aviso, o sea, sin una próxima apertura”.
“Aunque sea temporal, se suspenden investigaciones”, dice Walker, “quienes reciben una beca para permanecer unos días en Cusco y no pueden ingresar al Archivo tienen que pensar en un plan B. Estudiar, qué sé yo, Cajamarca, Iquitos o algún tema de Lima”.
Para la doctora Patrícia Victòria Martínez i Àlvarez, de la Universidad Complutense de Madrid, que “un archivo así (como el del Cusco) esté tanto tiempo sin operar, haya sido cual haya sido el motivo, es un indicador de la desconsideración de su función”.
Martínez i Àlvarez recuerda que un archivo histórico es un espacio de formación y conocimiento; también uno donde se reconoce derechos, historia y posibilidades del presente. “Conocer la historia es un derecho de la ciudadanía porque, entre otras cosas, el conocimiento del pasado nos reafirma en nuestra identidad y, además, nos fortalece también en el presente y de cara al futuro”, dice.
Han pasado semanas desde su cierre y unos días desde su reapertura parcial. Que permanezca cerrado no debería ser asunto de unos cuantos investigadores. “Su servicio no puede ser interrumpido, porque eso significa que no es considerado como la función ciudadana que debe tener”, dice Martínez i Àlvarez, porque “que un cusqueño o una cusqueña pase por el lugar y lo encuentre abierto, vea que allí se atiende y se recibe a personas de distintos lugares del mundo, habla de cuánta importancia le da una ciudad a su historia.

***
El archivo guarda la memoria de hace cuatro siglos, pero lleva ciento dos años sin una casa propia. De algún modo es un inquilino precario. Cada cierto tiempo, la autoridad universitaria solicita que desocupe el inmueble. Y, por si eso fuera poco, el local se encuentra en “alto riesgo”.
Hace mucho se diseñó un proyecto para construir su sede. El proyecto cuesta dieciocho millones de soles. La obra apenas avanzó 1,3 %. El gastó llegó a 6 % del presupuesto. Después se paralizó. Ahora el Gobierno Regional del Cusco debe decir si hace el saldo de la obra por administración directa. “Hemos tenido una reunión con la Oficina de Estudios y Proyectos para determinar el saldo de obra y hacer el expediente técnico”, cuenta Berduzco.
Para cuidar documentos históricos no basta reponer los anaqueles caídos por viejos. Se necesita un local donde proteger cada reliquia del polvo, la humedad y otros desastres. El presupuesto está considerado en la programación multianual de Invierte.pe. Solo falta que el GORE se decida y haga la obra.
Mientras eso suceda el Archivo Regional seguirá siendo un inquilino precario. Y los estudiantes seguirán pasando junto a esa puerta común y corriente de madera. Quizá sin saber qué hay detrás. Cuatro siglos de documentos, historias, nombres y las firmas de Túpac Amaru II.


