- Con la temporada alta, crece la demanda por artesanía en Cusco. Sin embargo, la informalidad y ausencia de locales propios impiden el crecimiento del sector.
A pocas semanas de las Fiestas Patrias, julio marca el inicio de la temporada más alta para el turismo en Cusco. Desde 2016, se mantiene como el mes con mayor llegada de turistas nacionales y uno de los más importantes para visitantes extranjeros. En una región donde el turismo impulsa buena parte de la actividad económica, este incremento de visitantes representa una oportunidad directa para los artesanos, quienes dependen en gran medida de estas fechas para mejorar sus ingresos.
“La artesanía forma parte de la experiencia de viaje en Cusco. Quienes visitan la región suelen incluir en su recorrido espacios como ferias, mercados artesanales y tiendas ubicadas en el centro histórico o cerca de atractivos turísticos, donde adquieren textiles, cerámica u otras piezas que representan la cultura local. Esta dinámica integra a los artesanos en la actividad turística, ya que su trabajo forma parte de lo que los visitantes buscan y consumen durante su estadía”, sostuvo Erick Chuquitapa, economista de la Red de Estudios para el Desarrollo (REDES).
Según el Registro Nacional de Artesanos, en Cusco hay más de 14 mil personas dedicadas a esta actividad; es la segunda región con mayor número de artesanos en el país, solo por detrás de Puno. Se ubican, sobre todo, en las ciudades de Cusco y Santiago, así como en provincias cercanas como Calca y Urubamba. La textilería reúne a la mayoría de artesanos, con cerca del 73%, principalmente en tejido en telar –elaboración de piezas en telares tradicionales– y tejido de punto, que consiste en prendas hechas a mano con agujas o ganchillo. Le siguen actividades como la alfarería, vinculada a la producción de piezas en arcilla, así como la cerámica y la joyería.
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Además, el hecho de que más del 70% de los artesanos sean mujeres refleja que esta actividad tiene un peso importante en la economía de los hogares. De acuerdo con Chuquitapa, en muchos casos, los ingresos que genera permiten cubrir gastos básicos o complementar otras fuentes de ingreso, especialmente en zonas donde las opciones laborales son reducidas. La artesanía funciona así como una actividad económica relevante a nivel local, vinculada directamente al bienestar de las familias.
Pese a esta relevancia, existen limitaciones que reducen la capacidad de los artesanos para aprovechar al máximo la temporada alta. El 73.1% se mantiene en la informalidad, lo que restringe su acceso a financiamiento, programas de apoyo y canales de comercialización más amplios. A ello se suma que el 77.9% no cuenta con un local de venta propio, lo que los obliga a depender de espacios temporales o intermediarios para ofrecer sus productos, reduciendo sus márgenes de ganancia y su capacidad de generar ingresos de manera más estable a lo largo del año.
A esto se suma el costo de mejorar la producción. Para el economista, acceder a mejores insumos, renovar herramientas, desarrollar diseños o participar en ferias implica gastos que muchos artesanos no pueden cubrir con facilidad. Estas condiciones dificultan su posicionamiento frente a productos industrializados que suelen tener mayor escala y menores precios.
“Cusco es el principal destino turístico del país, lo que convierte a la región en una vitrina importante para la artesanía peruana. En ese escenario, mejorar la competitividad de los artesanos implica asumir costos que no siempre están a su alcance, como invertir en mejores herramientas de trabajo, adquirir insumos de mayor calidad, desarrollar una marca propia, digitalizar sus catálogos o participar en ferias dentro y fuera del país. Aunque Fiestas Patrias abre una oportunidad para incrementar las ventas, el desafío pasa por generar condiciones que permitan que más artesanos accedan a estos procesos y participen de los beneficios que trae la temporada”, finalizó el especialista de REDES.


