Ante el riesgo recurrente de huaicos que cada temporada amenaza con inundar Trujillo, la Municipalidad Provincial ha optado por una medida que ha generado críticas: la instalación de barreras de plástico en los cruces de calles como mecanismo de contención de las descargas de agua. La decisión del alcalde apepista Mario Reyna aparece como una respuesta precaria frente a un problema de gran magnitud que exige obras de infraestructura y drenaje urbano.

Medidas de la edad media: barreras y sacos
Las barreras de canalización de inundaciones (BCI), junto con sacos terreros y herramientas manuales, están siendo distribuidas a vecinos de diferentes territorios vecinales a través de la Gerencia de Gestión del Riesgo de Desastres. En urbanizaciones como Los Jardines y Miraflores, en el Territorio Vecinal N.° 17, los propios residentes han sido convocados para organizarse y reaccionar ante posibles emergencias provocadas por lluvias intensas o la activación de quebradas.

Desde la comuna se sostiene que estas acciones forman parte de un plan preventivo que busca fortalecer la capacidad de respuesta de la población frente a fenómenos naturales. El alcalde Mario Reyna ha señalado que el trabajo articulado entre autoridades y vecinos es clave para reducir riesgos y proteger a las familias en los sectores considerados vulnerables.
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Incapacidad municipal y dinero al agua
Sin embargo, la estrategia municipal contrasta con los datos oficiales de ejecución presupuestal. De acuerdo con el portal del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF), la Municipalidad de Trujillo tenía asignados S/ 2,604,261 para acciones de prevención frente a desastres, pero hasta la fecha no ha invertido ni un sol de ese monto, lo que pone en cuestión la real prioridad que se le ha dado a la gestión del riesgo.
¿Y los más desprotegidos?
La preocupación se agrava en sectores directamente expuestos a las descargas de agua, como Mampuesto, donde persisten calles y pistas sin asfaltar que se convierten en lodazales ante cualquier lluvia intensa. En ese escenario, la colocación de barreras plásticas en intersecciones urbanas termina evidenciando más una reacción improvisada que una política preventiva capaz de enfrentar con seriedad el peligro de los huaicos en la ciudad.
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