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Machuaychas y Chiñipilcos, el conflicto que hace florecer la vida 

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Quienes creen que los Machuaychas y Chiñipilcos son una expresión juliaqueña que consiste en dos bandos opuestos (“carne vieja” y “carne joven”), que cada 20 de enero rivalizan sin mayor razón aparente, deberían ir a verlos de manera presencial para que caigan cuenta que esta forma de pensar pasa por una completa superficialidad de lo que realmente significa esta danza.

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Para hablar de los Machuaychas y Chiñipilcos, antes que nada, debo decir que se trata de la representación de un pasado lejano, de una danza que deviene del tiempo mítico del Awqa pacha, y que, en una lógica del mundo andino, reproduce de manera exacta el principio de dualidad. Por cuanto ambos bandos (Machuaychas y Chiñipilcos) son dos mitades que comparten un mismo territorio (ciudad nueva- ciudad vieja) y Apus tutelares (huayna roque-santa cruz), y que se enfrentan ritualmente en un “tinku”, pero no para destruirse, sino para encontrarse y garantizar la fertilidad, el equilibrio y la unión comunal.

Hablar de los Machuaychas y Chiñipilcos, es un mundo lleno de sorpresas, y lo es aún más cuando se les observa en el ritual de la Qashwa de San Sebastián. Ahí es donde se les ve en su real dimensión, y, además, se sabe con certeza que toda su esencia pertenece a un momento decisivo del calendario agrícola, que es el Huchuy pocoy. Un periodo ancestral que señala el momento preciso en que los productos empiezan a madurar. Y que por mandato ancestral es cuando debe surgir el conflicto ritual entre los Machuaychas y Chiñipilcos, para reordenar el mundo y unir a la comunidad.

Es así como debe entenderse esta danza, como un conflicto para hacer florecer la vida, como una expresión que escenifica la vida y la estructura de un ayllu ancestral (Hanan -Urin). Donde los Machuaychas encarnan lo ancestral, lo antiguo que permanece; y los Chiñipilcos lo nuevo, lo pequeño, el rebrote multicolor, la continuidad de la vida. En otras palabras, esta danza no alude a dos bandos irreconciliables, sino a dos mitades de un mismo ayllu, a una organización dual ancestral, donde se materializan aun viejos principios como el ayni y la reciprocidad, que cada año siguen organizando y armonizando la vida social en Juliaca.

Aldo Rojas

20.01.2026

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Lea la nota original aquí o visita el medio El Objetivo

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