Por José Víctor Salcedo Ccama
La mañana del lunes cuatro de mayo, Griselda Quispe Casaverde, madre de dos menores, estaba en su casa del pasaje José Olaya, en Quillabamba. Se había cansado de los maltratos de su pareja, Hugo Percy Quijano, y había decidido terminar la relación. Él llegó a las nueve de la mañana; ella le comunicó su decisión.
Discutieron.
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“Me cagaste la vida”, le dijo Quijano, furioso. “Me estás dejando todas las deudas”.
“¿Qué deudas?”, respondió ella. “Yo no vi un sol”.
Subió al segundo piso y agarró su mochila. Griselda pensó que se iba a ir, pero él volvió hacia ella.
Le tapó la boca. Ella gritó. Él metió la mano en su boca, le apretó el cuello con las dos manos y la arrastró al baño. La empujó contra la pared y empezó a golpearla en el piso, con las manos y con el pie. Griselda peleaba por zafarse.
En un momento, Quijano sacó un cuchillo de su mochila y le cortó el cabello y las dos mejillas.
“Siempre”, diría después ella, “tenía la intención de matarme”.
“Basta, basta, no me hagas más esto”, suplicó Griselda. Pero él volvió a atacarla. Le cortó la mano con la que intentaba defenderse.
Su hija, una niña de tres años, trató de defenderla.
“Si tú no eres para mí, no serás para nadie”, gritaba Quijano, “no te voy a dejar libre”. Decía que la mataría y que, con gusto, iría a la cárcel.
No era la primera vez que la golpeaba.
Después del ataque, escapó. En el camino fue detenido por policías que lo llevaron ante la fiscalía. Al inicio, el caso fue abierto como lesiones leves. Luego, tras revisar el testimonio y las heridas, se recalificó como tentativa de feminicidio.
Ese mismo día, en el Congreso, se aprobaba un dictamen para sancionar las “denuncias falsas” en casos de violencia. Se busca incorporar el artículo 402-A al Código Penal. La norma abre la puerta a que mujeres denunciantes puedan ser investigadas e incluso encarceladas. Para la congresista Ruth Luque, que declaró a Nueva Tv Nacional, se terminará castigando a las mujeres que denuncian en lugar de protegerlas.
El martes, en Quillabamba, Griselda se recuperaba de sus heridas. Quijano ya estaba encerrado en una celda. Un juez evaluaba si debía seguir preso o enfrentar en libertad la investigación por tentativa de feminicidio.
En Lima, otra discusión avanzaba. La pastora evangélica y congresista de Renovación Popular, Milagros Jáuregui, presentaba un proyecto de ley para eliminar el delito de feminicidio. Propone reemplazarlo por “asesinato de pareja”. Sostiene que el feminicidio es un concepto ideológico que diferencia la vida de una mujer y la de un varón. Según la congresista Ruth Luque, la pastora evangélica desprecia los derechos de las mujeres.
Jáuregui ha dicho que el hombre es “el rey” y que ninguna mujer puede quitarle autoridad. Que la mujer debe ocupar el lugar definido por Dios.
En ese mismo país donde se discuten esas ideas, Griselda se recupera en un hospital. Los cortes en su cara y en su mano han sido cubiertos con vendas. El dolor le recorre todo el cuerpo. En su casa, en el pasadizo, todavía quedan mechones de cabellos y restos de sangre.
(*) Con información de la periodista Karina García Kashiri.

